Durante años, crecer en marketing digital parecía una cuestión bastante directa: más inversión, más campañas, más audiencias, más formatos, más impactos. Una fórmula aparentemente impecable. Hasta que dejó de serlo.
Porque el ecosistema actual ha cambiado. Los usuarios ya no avanzan por recorridos lineales. No descubren una marca en un canal, consideran en otro y compran tranquilamente en un tercero mientras el equipo de marketing lo mide todo con una atribución perfecta. Ojalá. La realidad es bastante más incómoda: saltan entre plataformas, consumen contenidos en distintos momentos, alternan pantallas, silencian vídeos, comparan opciones, reciben estímulos constantes y toman decisiones en contextos cada vez más fragmentados.
En ese escenario, la gran pregunta ya no es solo cómo llegar a más personas. Es cómo llegar mejor.
Ese fue uno de los grandes aprendizajes de Tech Morning: The Growth Illusion, un encuentro organizado por Adsmurai que reunió a diferentes compañías y referentes del ecosistema digital para compartir ideas, casos y perspectivas sobre las nuevas reglas del crecimiento, la medición, la atención y el valor real de los medios en un entorno cada vez más competitivo.
Entre las distintas ideas compartidas durante la mañana, el bloque “Battle of Attention: Where Premium Media Wins” puso el foco en una de las grandes batallas del marketing actual: la atención. A partir de las aportaciones de compañías como Spotify, Uber, Criteo, Xplain y Netflix, este bloque dejó varias reflexiones sobre cómo las marcas pueden generar impacto en un contexto donde el usuario está expuesto a más estímulos que nunca, pero presta atención a muchos menos.
Y ahí apareció una idea clave: el crecimiento real no se construye únicamente con volumen, sino con contexto, atención, creatividad, medición y tecnología conectada.
Porque sí, impactar a muchas personas queda precioso en un informe. Pero si nadie presta atención, si el canal no cumple una función clara o si cada plataforma mide el éxito por separado, quizá no estamos creciendo tanto como creemos. Quizá solo estamos haciendo más ruido.
La atención como nueva frontera del crecimiento
El bloque “Battle of Attention: Where Premium Media Wins” partía de una tensión evidente: en digital, llegar nunca ha sido tan fácil, pero captar atención nunca ha sido tan complejo.
El problema ya no es solo la saturación de impactos. Es la calidad de esos impactos. Una impresión puede servirse correctamente, un vídeo puede cargarse, una campaña puede alcanzar cobertura y frecuencia… pero nada de eso garantiza que el usuario haya prestado atención real.
Durante años, buena parte de la industria ha medido el crecimiento a través de métricas de exposición: impresiones, alcance, frecuencia, clics, visualizaciones. Todas son necesarias, claro. Pero ninguna responde por sí sola a una pregunta bastante más incómoda: ¿Ese impacto ha generado algo en la mente del usuario?
Ahí es donde los entornos premium, la creatividad contextual y la medición de la atención empiezan a ganar peso. Porque no todas las impresiones valen lo mismo. No todos los segundos de exposición tienen la misma calidad. Y no todos los canales cumplen la misma función dentro del journey.

1. Del targeting al momento: la relevancia empieza por el contexto
Uno de los aprendizajes más potentes llegó desde Spotify: el móvil se ha convertido en uno de los mejores puntos de conexión con el usuario porque permite llegar en el momento adecuado. Pero la clave no está solo en el dispositivo. Está en el contexto.
Spotify planteó una visión interesante: la personalización no depende únicamente de un targeting hiper específico, sino de señales y creatividades capaces de adaptarse al momento. Es decir, no se trata solo de definir quién es el usuario, sino de entender qué está haciendo, cómo consume contenido y qué tipo de mensaje puede tener sentido en ese instante.
Esto cambia bastante la lógica tradicional de planificación. Durante mucho tiempo, la pregunta principal ha sido: “¿a qué audiencia queremos impactar?”. Ahora empieza a ser igual de importante preguntar: “¿en qué momento tiene sentido aparecer?”.
Porque no todos los impactos tienen el mismo valor. Un mensaje puede ser irrelevante en un contexto y perfectamente oportuno en otro. La misma creatividad puede funcionar o pasar desapercibida dependiendo del momento de consumo, del formato y del estado de atención del usuario.
En el caso del audio, esta lógica es especialmente clara. Spotify defendió que no compite con el vídeo, sino que lo complementa. Y ahí hay una lectura estratégica importante: en un mundo saturado de estímulos visuales, el audio permite conectar con momentos donde la pantalla no siempre tiene el protagonismo.
Además, aparece un concepto muy revelador: el mute test. ¿Qué ocurre cuando un usuario silencia un vídeo? La marca puede estar presente visualmente, sí, pero parte del mensaje desaparece. El audio, en cambio, abre otra vía para generar recuerdo, atención e incrementalidad.
La lección para marcas es directa: no basta con diseñar campañas para audiencias; hay que diseñarlas para momentos.
2. Momentos de acción: cuando la publicidad se acerca a la decisión real
Uber llevó esta idea un paso más allá al hablar de momentos de acción e interacción real en tiempo real. Su enfoque no se centra solo en alcanzar usuarios, sino en conectar con ellos mientras están haciendo cosas: desplazándose, esperando, tomando decisiones, interactuando con el entorno o resolviendo una necesidad inmediata.
Este punto es clave porque introduce una diferencia importante entre consumo pasivo y consumo activo. No es lo mismo impactar a alguien mientras navega sin una intención clara que aparecer en un momento donde ya existe una acción en marcha.
En esos contextos, la publicidad puede volverse más relevante porque se integra en una situación concreta. La marca no aparece como una interrupción aislada, sino como parte de un momento de decisión.
La personalización, entonces, deja de ser solo una cuestión de datos de usuario y pasa a ser una cuestión de oportunidad. El valor está en entender el contexto inmediato: qué está ocurriendo, qué necesita la persona y cómo puede una marca aportar algo útil en ese instante.
Aquí la pregunta para los equipos de marketing cambia de forma radical. Ya no es únicamente: ¿A quién queremos llegar?
Sino también: ¿Qué está pasando cuando llegamos?
Y esa segunda pregunta suele separar las campañas que simplemente aparecen de las campañas que realmente influyen.
3. Creatividad contextual: menos piezas genéricas, más señales útiles
Otra idea que atravesó varias ponencias fue la necesidad de evolucionar la creatividad. Ya no tiene sentido pensar en una única pieza para todos los contextos, todos los formatos y todos los momentos del journey.
Spotify apuntó a la posibilidad de generar creatividades adaptadas a diferentes modelos, señales o contextos. Esto conecta con una tendencia cada vez más clara: la creatividad deja de ser un activo estático y empieza a funcionar como un sistema dinámico.
La pregunta ya no es solo “qué mensaje queremos lanzar”, sino “qué combinación de mensaje, formato, canal y momento puede generar más impacto”.
Aquí la tecnología juega un papel importante. La automatización y la IA permiten producir más variantes, adaptar mensajes y testar combinaciones a una velocidad que antes era impensable. Pero el punto importante y aquí viene la parte que a veces se olvida cuando alguien descubre una herramienta nueva y cree que ha reinventado el marketing es que producir más creatividades no garantiza mejores resultados.
Lo que marca la diferencia es producir mejores combinaciones.
Más versiones no significan más relevancia si no están conectadas a señales claras. La creatividad contextual necesita datos, sí, pero también criterio estratégico. Necesita entender qué variable se está adaptando y por qué: el momento, el producto, la necesidad, el canal, la fase del funnel, la audiencia o el entorno.
La creatividad ya no puede vivir separada de la planificación y la medición. Tiene que formar parte del sistema de crecimiento.
4. Atención: la métrica que obliga a mirar más allá de la impresión
Xplain puso sobre la mesa una de las conversaciones más relevantes para el futuro de la medición: la atención como métrica de eficiencia.
Durante mucho tiempo, la industria ha medido si un anuncio se ha servido, si ha sido visible o si ha recibido un clic. Pero eso no siempre responde a la pregunta más importante: ¿el usuario realmente se ha fijado en el anuncio?
La atención introduce una capa de calidad. Permite entender cuánto tiempo ha prestado atención una persona, en qué condiciones y qué variables han influido en ese comportamiento. Según compartió Xplain durante la mañana, la medición de la atención puede llegar a apoyarse en entre 15 y 20 variables, porque la atención no depende de un único factor.
Influyen el formato, el entorno, el momento, la claridad de la creatividad, la posición, el tipo de contenido, la duración y la combinación entre todos esos elementos. Y lo más interesante es que esas combinaciones cambian. Lo que funciona en un entorno puede no funcionar en otro. Lo que capta atención en un momento puede perder fuerza en otro.
Aquí hay una lección muy importante: no todas las impresiones valen lo mismo.
Una impresión en un entorno premium, con una creatividad clara y un momento adecuado, puede tener mucho más valor que varias impresiones servidas en contextos de baja atención. Medir esta diferencia permite optimizar no solo hacia eficiencia de coste, sino hacia eficiencia real de impacto.
Porque optimizar únicamente por CPM bajo puede ser muy tentador. También lo es comprar unos zapatos baratos que destrozan los pies. No todo lo eficiente en precio es eficiente en resultado.

5. Alcance, frecuencia y valor de marca: el proyecto de Netflix
Netflix proyecta tres grandes bloques: alcance y frecuencia, atención y branding value.
Esta visión resume muy bien hacia dónde se dirige la planificación de medios. El alcance sigue siendo importante, por supuesto. La frecuencia también. Pero ya no pueden analizarse de forma aislada. La pregunta relevante es qué ocurre después del impacto: si ha habido atención, si se ha generado recuerdo y si existe un efecto real sobre la marca.
Entre las ideas compartidas durante la mañana, destacó un dato especialmente relevante: un vídeo de 20 segundos puede alcanzar un 70% de visualización.
No es lo mismo aparecer en un contexto donde el usuario está dispuesto a ver contenido que hacerlo en uno donde la publicidad se percibe como una interrupción más dentro del ruido. El valor de marca se construye en esa diferencia.
Durante años, muchas estrategias han separado demasiado el performance del branding, como si fueran mundos opuestos. Pero el crecimiento sostenible necesita ambos. Necesita activación y memoria. Conversión y preferencia. Impacto inmediato y construcción a largo plazo.
El problema es que lo inmediato suele ser más fácil de medir. Y cuando algo es más fácil de medir, el sector tiende a sobredimensionarlo. Qué sorpresa: el dashboard mandando sobre la estrategia.
6. Performance más allá de la transacción: el reto cross-channel de Criteo
Criteo abordó uno de los grandes dolores actuales del marketing digital: el proceso de compra se ha vuelto más complejo y la tecnología no siempre está preparada para gestionarlo bien.
Los usuarios navegan en distintos canales, comparan productos, cambian de dispositivo, interactúan con diferentes formatos y toman decisiones en recorridos cada vez menos previsibles. En este contexto, entender el performance únicamente como la última conversión es quedarse bastante corto.
El performance ya no vive solo en la parte transaccional. También está en la capacidad de generar consideración, recuperar intención, conectar señales y activar mensajes relevantes en diferentes puntos del funnel.
La propuesta de Criteo apunta hacia un enfoque cross-channel y full funnel, donde una misma campaña pueda operar en distintos canales y donde la atribución permita entender mejor qué papel juega cada uno. Esto es clave para resolver uno de los problemas más habituales del ecosistema actual: la fragmentación.
Cuando cada canal opera por separado, cada plataforma optimiza hacia su propio resultado. Cada equipo mira sus propias métricas. Cada informe cuenta una parte de la historia. Y al final, la marca tiene muchas respuestas tácticas, pero poca visión estratégica.
Una medición unificada ayuda a evitar esa desconexión. Permite entender dónde está aportando valor cada canal, cómo interactúan entre sí y qué decisiones de inversión tienen más sentido.
De hacer más a decidir mejor
Si algo dejaron claras las ideas compartidas durante Tech Morning: The Growth Illusion es que el crecimiento digital necesita una nueva mentalidad. Durante mucho tiempo, el foco estuvo en escalar la activación. Más campañas, más audiencias, más formatos, más automatización. Pero el siguiente salto no está en hacer más. Está en decidir mejor.
La tecnología es fundamental para conseguirlo, pero no como una capa aislada. La IA, la automatización, la medición avanzada y las plataformas cross-channel solo generan impacto cuando forman parte de una arquitectura conectada.
Porque una herramienta puede optimizar una campaña. Pero un sistema bien construido puede transformar cómo aprende, decide y crece una marca.
Ahí está la diferencia entre la ilusión de crecimiento y el crecimiento real.
En Adsmurai ayudamos a las marcas a transformar su marketing en un sistema de crecimiento conectado, medible y escalable. Combinamos tecnología propia, datos, IA y expertise estratégico para conectar decisiones, inversión, creatividad y resultados de negocio.
Qué pueden hacer las marcas a partir de ahora
¿Estamos planificando por audiencias o por momentos?
Las audiencias siguen siendo importantes, pero el contexto puede cambiar por completo la relevancia del mensaje. Una estrategia madura debería combinar ambas dimensiones.
¿Nuestra creatividad responde a señales reales?
No se trata de multiplicar piezas sin sentido, sino de adaptar mensajes a momentos, formatos, productos, necesidades y fases del funnel.
¿Medimos atención o solo exposición?
Una impresión no garantiza impacto. Incorporar métricas de atención ayuda a entender la calidad real del contacto publicitario.
¿Tenemos una visión full funnel o campañas desconectadas?
El usuario no vive dentro de los límites de una plataforma. La estrategia tampoco debería hacerlo.
¿Optimizamos hacia métricas tácticas o hacia crecimiento de negocio?
El rendimiento no debería medirse solo por clics o conversiones inmediatas. También por recuerdo, consideración, incrementalidad y valor de marca.