Durante años, las marcas han perseguido el contenido “auténtico” como si fuese un tesoro escondido. Pasamos del ad glossy al vídeo en vertical, del estudio al móvil, de modelos a gente normal enseñando cosas normales.
Cada vez que abrimos TikTok, Instagram o cualquier plataforma de vídeo corta, vemos la misma escena repetida en diferentes versiones: alguien, sin luces ni estudio, mostrando cómo usa un producto, opinando con naturalidad o enseñando un truco que “no sabías que necesitabas”.
A veces es un creador anónimo, otras veces un perfil conocido.
Siempre parece espontáneo.
Nunca lo es del todo.
El UGC se ha convertido en el laboratorio más brutal que existe hoy para entender qué activa a tu audiencia, qué frena su decisión de compra, qué ángulos funcionan y cuáles mueren a los tres segundos.
Y en paralelo, los influencers han dejado de ser simplemente “cuentas con millones de seguidores” para convertirse en curadores culturales, piezas clave para generar credibilidad y, sobre todo, señales de confianza que los algoritmos empiezan a tener cada vez más en cuenta.
El problema es que muchas marcas siguen mezclándolo todo:
UGC, influencers, creators… como si fueran intercambiables. No lo son.
Y cuando los usas igual, pierdes lo único que hace que funcionen: su diferencia.
La clave no está en elegir entre uno y otro.
La clave está en saber qué aporta cada uno y cómo convertir ambos en aprendizaje accionable.
TABLA DE CONTENIDOS
El UGC: natural por fuera, estructural por dentro
Un vídeo UGC no necesita una cara conocida, ni un estudio, ni un storytelling épico. Necesita algo mucho más difícil de fabricar: naturalidad que no distrae.
El UGC funciona porque:
- muestra el producto antes que la narrativa,
- responde preguntas que el usuario ya tiene,
- reproduce conversaciones reales,
- no exige atención… la retiene,
- y habla desde la utilidad, no desde la venta.
Pero su valor real no está en el vídeo. Está en lo que el vídeo te permite aprender.
Detrás de cada UGC hay señales que puedes medir:
- qué hook funciona,
- qué ritmo retiene,
- qué encuadre gusta,
- qué CTA mueve,
- qué tono conecta.
Un creador UGC no te vende su fama. Te vende variaciones, y esas variaciones son datos.
Cuantas más piezas, más señales.
Cuantas más señales, más inteligencia creativa.
Cuanta más inteligencia, mejores decisiones.
De hecho, la propia evolución de los formatos en redes demuestra que este tipo de contenido no solo capta atención sino que la retiene, y eso explica por qué en determinados entornos, sobre todo verticales muy visuales. El UGC ha demostrado un impacto desproporcionado en descubrimiento, conversión y formatos.

Influencers: no venden contenido, venden contexto
Los influencers han evolucionado muchísimo. La mayoría de marcas todavía los ven como “alguien que nos da alcance”, pero eso ya está superado.
Hoy un influencer aporta: validación social, lenguaje propio, autoridad temática, afinidad emocional, comunidades que escuchan.
Un influencer no te dice “así se usa este producto”.
Te dice “esto encaja con quien eres”.
Eso no optimiza un CTR. Eso moldea percepción de marca, algo que ningún algoritmo puede forzar si la audiencia no lo siente.
El error habitual es pedirle a un influencer rendimiento directo cuando su fuerza es otra: hacer que la gente confíe, entienda y se interese.
Mientras el UGC optimiza, los influencers contextualizan.No destacan por mostrar el producto (para eso ya está el UGC), sino por algo más intangible y valioso: credibilidad. Si el UGC alimenta al algoritmo, el influencer alimenta al usuario.
Y aquí ocurre algo que muchas marcas pasan por alto: los microinfluencers, precisamente por no ser celebridades, generan un tipo de impacto mucho más orgánico y persuasivo, especialmente para activar decisiones.

El choque perfecto: UGC genera señales, Influencers generan sentido
Cuando una marca madura entiende esto, deja de pedirle a un influencer “hazme algo tipo UGC”, y deja de pedirle a un UGC creator “hazme contenido con tu estilo”.
Cada uno cumple un rol muy distinto:
- UGC te permite aprender rápido → qué funciona, qué repetir, qué descartar.
- El influencer te permite crecer sólido → por qué existes, por qué importas, por qué destacas.
Lo bonito es cuando se juntan:
- El influencer crea el marco emocional.
- El UGC convierte ese marco en acción.
- La IA traduce todo esto en aprendizaje.
- La campaña se optimiza sola.
La marca deja de ser un mensaje y pasa a ser un sistema.
📊 Comparativa rápida: UGC Creators vs Influencers
|
Aspecto |
UGC Creator |
Influencer |
|
Necesidad de seguidores |
No |
Sí, su valor depende de la audiencia |
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Coste |
Bajo / medio |
Medio / alto |
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Velocidad de producción |
Alta (varias piezas/semana) |
Media (agendas, negociaciones, estilo propio) |
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Rol principal |
Testing creativo + performance |
Credibilidad + reach + posicionamiento |
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Formato más habitual |
Reviews, demos, POV, unboxings, comparativas |
Storytelling, lifestyle, recomendaciones, contenido aspiracional |
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Ideal para… |
Variaciones, escalado en paid, alimentar IA |
Notoriedad, confianza, saltos de percepción de marca |
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Tipo de dato que generan |
Señales creativas y de eficiencia |
Señales de engagement, afinidad y autoridad |
|
Dependencia del algoritmo |
Baja (lo que importa es el anuncio) |
Alta (depende de la visibilidad orgánica) |
Cómo se convierte todo esto en datos accionables (de verdad)
Aquí está el secreto que casi nadie cuenta: No se trata de producir más contenido, sino de producir contenido que produzca señales.
Cuando analizas UGC e influencers desde el prisma correcto, ves cosas como:
- qué tipo de narrativa funciona mejor según el precio del producto,
- qué tono activa intención en ciertos segmentos de audiencia,
- qué estilo el algoritmo interpreta como relevante,
- qué plano genera más retención según plataforma,
- qué mensaje impacta más cuando viene de un influencer vs un UGC,
- qué ángulos de valor son universales y cuáles son nicho.
Y de repente, el contenido deja de ser una apuesta
y se convierte en una herramienta científica.

Cuando se analiza UGC e influencers como fuentes de señales, se obtiene:
1. Datos creativos
Qué narrativa, qué ritmo, qué tono o qué estilo funciona por plataforma.
2. Datos estratégicos
Qué valores conectan y cómo cambia la percepción de marca.
3. Datos operativos
Qué piezas sostienen mejor una fase del funnel, y cuáles conviene escalar, pausar o replicar.
Esto convierte la creatividad en un motor de optimización continua y no en un ejercicio de intuición.
La combinación perfecta: señales + sentido
El rendimiento real aparece cuando juntas ambos mundos:
- El influencer aporta la capa emocional y cultural.
- El UGC valida, explica y acelera la decisión.
- La IA une los puntos y aprende qué elementos funcionan mejor.
UGC sin influencers → performance sin marca.
Influencers sin UGC → marca sin accionabilidad.
Los dos juntos → un sistema creativo que aprende y escala.
El UGC y los influencers no funcionan porque sean auténticos; funcionan porque hablan el idioma que tu audiencia y la IA entienden
2025 no va de creatividad vs rendimiento.
Va de cómo usas la creatividad para generar rendimiento, y cómo usas los datos del rendimiento para mejorar tu creatividad.
UGC e influencers son parte del mismo juego, pero cumplen reglas distintas.
El UGC te dice qué funciona.
El influencer te dice por qué importa.
Los datos te dicen cómo repetirlo.
La IA te dice cómo escalarlo.
Y, si lo haces bien, tu marca deja de depender de suerte creativa
y empieza a funcionar como un sistema inteligente.

